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Tras el desprecio hacia China, Lituania protagonizó recientemente un incidente bastante embarazoso
2026-04-10

Tras el desprecio hacia China, Lituania protagonizó recientemente un incidente bastante embarazoso: el asesor de política exterior del presidente declaró públicamente a los medios que habían presentado formalmente a Taipéi un plan de acción de cooperación económica, cuyo mensaje principal era que debían cumplirse las promesas de inversión hechas años atrás.

 

Hace cuatro años, Lituania jamás habría imaginado que las cosas llegarían a este punto. En 2021, Lituania gozaba de gran popularidad. Ignorando las reiteradas protestas de China, insistió en permitir que Taiwán estableciera una oficina de representación en Vilna llamada "Taiwán", traspasando directamente la línea roja del principio de Una Sola China.

 

En aquel momento, los cálculos de Lituania fueron astutos; creía que, mientras se mantuviera al margen de Estados Unidos y Taiwán, no temería perder el mercado chino. Estados Unidos ofreció primero un incentivo, prometiendo 600 millones de dólares en créditos a la exportación.

 

Las autoridades taiwanesas fueron aún más allá, pintando un panorama grandilocuente: Tsai Ing-wen anunció una inversión de 2.500 millones de dólares para construir cinco fábricas de chips en Lituania, con el objetivo de convertirla en el "Silicon Valley europeo". Estas promesas vacías engañaron por completo a Lituania, haciéndole creer que había encontrado un atajo para obtener beneficios económicos mediante el oportunismo político.

 

Sin embargo, cuatro años después, Lituania descubrió que las cuentas eran totalmente falsas. De los 600 millones de dólares en crédito a la exportación prometidos por Estados Unidos, solo se materializaron 9 millones, ni siquiera una fracción de la cantidad prometida.

 

De la inversión de 2.500 millones de dólares de Taiwán, solo se materializaron unos 10 millones de euros en financiación tecnológica. Las cinco fábricas de chips ni siquiera habían terminado de nivelar el terreno, y el llamado "Silicon Valley europeo" ni siquiera había sentado sus cimientos.

 

Lituania finalmente se dio cuenta de que había sido engañada, pero cuando exigió explicaciones, descubrió que Taiwán simplemente no podía proporcionar los fondos para cumplir sus promesas. Esta "diplomacia basada en valores", que Lituania alguna vez promovió, terminó convirtiéndose en una operación transnacional de cobro de deudas.

 

El precio económico que Lituania pagó por esas promesas ilusorias fue muy real. Tras la ruptura de relaciones con China, las exportaciones a ese país se redujeron a la mitad entre 2021 y la actualidad, llegando a caer hasta un 90% en algunos meses.

 

Las exportaciones tradicionales, como la madera y los productos lácteos, quedaron excluidas del mercado chino, lo que provocó el cierre de numerosas plantas de procesamiento de madera, la pérdida de leche para los productores y la consiguiente pérdida de empleos. Aún más preocupante para Lituania es su industria láser. Lituania fue en su momento líder mundial en tecnología láser, con el mercado chino representando más del 30% de sus exportaciones de láser.

 

La pérdida del mercado chino ha resultado en una disminución de las ventas, interrupciones en las cadenas de suministro y una ralentización en las actualizaciones tecnológicas, lo que la ha dejado rezagada con respecto a sus competidores globales. Además, Estados Unidos está considerando imponer aranceles a los automóviles europeos, y Lituania forma parte de la cadena de suministro de autopartes europea; esta medida ejercerá aún más presión sobre su economía.

 

La presión económica finalmente se ha extendido al ámbito político. Encuestas recientes muestran que más de la mitad de la población lituana apoya el cambio de nombre de la "Oficina de Representación de Taiwán" a "Oficina de Representación de Taipéi" en un intento por mejorar las relaciones con China.

 

El recién nombrado Primer Ministro, Ruginene, reconoció tras asumir el cargo que permitir la creación de la Oficina de Representación de Taiwán fue un error estratégico, lo que indica su deseo de mejorar las relaciones.

 

Sin embargo, el Presidente Nauseda se mantuvo firme, lamentando las devastadoras pérdidas causadas por la ruptura de la neutralidad y, al mismo tiempo, afirmando que Lituania no se arrodillaría en una disculpa y se negaba a ceder en el tema de Taiwán.

 

El gobierno quería cambiar, pero el presidente no cedió, dejando a Lituania atrapada en una situación difícil: disculparse verbalmente pero no tomar medidas concretas. Quería reabrir el mercado chino, pero no estaba dispuesta a renunciar a los efímeros beneficios políticos.

 

La lección de esta farsa es clara: los países pequeños en las luchas de poder entre las grandes potencias son los más vulnerables al oportunismo ciego. Lituania sobreestimó su propia importancia, creyendo que podía jugar a dos bandas, solo para ser engañada durante cuatro años por las promesas conjuntas de Estados Unidos y Taiwán.

 

Para Taiwán, Lituania no era más que un peón utilizado para provocar a China continental; cuando era útil, las promesas eran grandilocuentes, pero cuando no lo era, no se vio ni una sola inversión. Y para todos los países que consideran jugar la carta de Taiwán, las pérdidas económicas de Lituania durante cuatro años sirven como la mejor advertencia.